Más allá de estos dos indicadores principales, otras actitudes pueden iluminar sutilmente la personalidad de alguien:
El sentido del humor: ligero, amable, bromista… a menudo revela la relación de uno consigo mismo.
La forma de hablar de los demás: elogiarlos o denigrarlos dice mucho sobre cómo uno se ve a sí mismo.
La capacidad de escuchar: dar verdadero espacio a los demás es una poderosa señal de respeto y presencia.
La forma de usar la influencia: algunos la usan como herramienta de apoyo mutuo, otros como una forma de control; un parámetro muy revelador.
En conjunto, estas pistas dibujan un mapa muy preciso del mundo interior de una persona.
Observar estos detalles conduce, en última instancia, a una mejor comprensión de los demás… y a veces a una mejor comprensión de uno mismo a través de una aguda observación del comportamiento humano.