Para ver el verdadero carácter de una persona, solo necesitas observar dos cosas (según el consejo de Carl Jung).


Más allá de estos dos indicadores principales, otras actitudes pueden iluminar sutilmente la personalidad de alguien:

El sentido del humor: ligero, amable, bromista… a menudo revela la relación de uno consigo mismo.
La forma de hablar de los demás: elogiarlos o denigrarlos dice mucho sobre cómo uno se ve a sí mismo.
La capacidad de escuchar: dar verdadero espacio a los demás es una poderosa señal de respeto y presencia.
La forma de usar la influencia: algunos la usan como herramienta de apoyo mutuo, otros como una forma de control; un parámetro muy revelador.
En conjunto, estas pistas dibujan un mapa muy preciso del mundo interior de una persona.
Observar estos detalles conduce, en última instancia, a una mejor comprensión de los demás… y a veces a una mejor comprensión de uno mismo a través de una aguda observación del comportamiento humano.

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